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Tu propuesta de valor no es lo que ofreces: es lo que le quitas de encima

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Casi toda marca nueva, cuando le piden su propuesta de valor, hace lo mismo: recita una lista de lo que hace. "Ofrecemos diseño, estrategia y acompañamiento." "Somos rápidos, cercanos y con años de experiencia." Habla de sí misma —de sus servicios, sus virtudes, su pasión— y cree que ahí está el valor, en enumerar todo lo que es capaz de entregar. Es la respuesta más natural del mundo y también la más vacía, porque nadie contrata una lista de capacidades: la gente contrata para dejar de cargar algo.

Conviene decirlo sin rodeos: tu propuesta de valor no es lo que ofreces, es lo que le quitas de encima al cliente —el peso que decides cargar tú para que él deje de cargarlo. El valor nunca estuvo en tus servicios; estuvo en el problema que dejan de tener quienes te encuentran. No compran "diseño de marca": compran dejar de dar vergüenza cuando comparten su Instagram, dejar de improvisar cada post, dejar de parecer más pequeños de lo que son. Eso es lo que de verdad se paga, y casi ninguna marca lo dice en voz alta.

Y ahí está el costo escondido. Cuando describes tu valor desde tu orgullo y no desde su alivio, le pasas al cliente el trabajo de traducir —"¿y esto qué resuelve para mí?"— y la mayoría no lo hace: se encoge de hombros y sigue de largo. Una lista de servicios pone el esfuerzo de entender el valor sobre los hombros de quien menos tiempo y menos ganas tiene de hacerlo. Terminas compitiendo por quién ofrece más cosas, cuando la marca que gana casi siempre es la que resolvió una sola con una claridad que nadie más se atrevió a prometer.

La salida no es ofrecer menos —es empezar por la resta. Antes de escribir lo que haces, pregúntate qué deja de doler, qué deja de tener que decidir, qué deja de dar miedo la persona que trabaja contigo. Ese es tu valor, y suele caber en una frase que no menciona ni uno de tus servicios. Lo que ofreces es el cómo; lo que le quitas de encima es el porqué, y el porqué es lo único que la gente recuerda cuando llega el momento de elegir. Una marca que sabe enumerar todo lo que entrega y no sabe nombrar el peso que levanta no tiene una propuesta de valor: tiene un catálogo. Y a un catálogo se le compara por precio; a quien te quita un peso de encima, se le agradece.

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